¿Existe el infierno?

«Dios es amor, no puede condenar a nadie», «el infierno es un invento de la Iglesia para asustar a la gente», «al final todos nos salvaremos». Muchos cristianos, también católicos, piensan así. Pero el infierno no es una invención medieval: es una verdad revelada, y quien más habló de él en el Evangelio fue el mismo Jesucristo. Callarlo no es misericordia: es dejar a las almas sin saber lo que está en juego.

Lo que enseñó Jesucristo

Jesús, el mismo que habló del amor del Padre y del hijo pródigo, advirtió una y otra vez sobre la condenación eterna.

Y no temáis a los que matan el cuerpo, y que no pueden matar el alma; mas temed a aquel que puede perder alma y cuerpo en la gehenna.

San Mateo 10,28

Si tu mano te escandaliza, córtala: más te vale entrar en la vida manco, que irte, con tus dos manos, a la gehenna, al fuego que no se apaga. […] donde «el gusano de ellos no muere y el fuego no se apaga».

San Marcos 9,43.48

Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición y muchos son los que entran por él. Porque angosta es la puerta y estrecho el camino que lleva a la vida, y pocos son los que lo encuentran.

San Mateo 7,13-14

En la descripción del Juicio final, Cristo pone en paralelo el destino de unos y otros con la misma palabra, «eterno»:

Entonces dirá también a los de su izquierda: «Alejaos de Mí, malditos, al fuego eterno; preparado para el diablo y sus ángeles». […] Y estos irán al suplicio eterno, mas los justos a la eterna vida.

San Mateo 25,41.46

Si la vida eterna no se acaba, tampoco se acaba el suplicio eterno.

Vendrá el tiempo en que todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y saldrán los que hayan hecho el bien, para resurrección de vida; y los que hayan hecho el mal, para resurrección de juicio.

San Juan 5,28-29

Lo que enseñaron los Apóstoles

Porque si a los ángeles que pecaron no los perdonó Dios, sino que los precipitó en el tártaro, entregándolos a prisiones de tinieblas, reservados para el juicio, y si al viejo mundo tampoco perdonó, echando el diluvio sobre el mundo de los impíos […], y si condenó a la destrucción las ciudades de Sodoma y Gomorra, tornándolas en cenizas y dejando para los impíos una figura de las cosas futuras…

2 San Pedro 2,4-6

En la revelación del Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder en llamas de fuego, tomando venganza en los que no conocen a Dios y en los que no obedecen al Evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán la pena de la eterna perdición, lejos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder.

2 Tesalonicenses 1,7-9

Mas los tímidos e incrédulos y abominables y homicidas y fornicarios y hechiceros e idólatras, y todos los mentirosos, tendrán su parte en el lago encendido con fuego y azufre. Esta es la segunda muerte.

Apocalipsis 21,8

Lo que enseña la Iglesia

Es dogma de fe que existe el infierno y que es eterno.

  • El Símbolo Quicumque: «los que obraron bien irán a la vida eterna; los que obraron mal, al fuego eterno» (DS 76).
  • El IV Concilio de Letrán (1215): los réprobos recibirán «con el diablo, castigo perpetuo» (DS 801).
  • Benedicto XII, en la constitución Benedictus Deus (1336): las almas de los que mueren en pecado mortal descienden al infierno inmediatamente después de la muerte (DS 1002).

El Catecismo de la Iglesia Católica lo explica así: «Morir en pecado mortal sin estar arrepentido ni acoger el amor misericordioso de Dios significa permanecer separados de Él para siempre por nuestra propia y libre elección. Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra «infierno»» (n. 1033). Y añade que la pena principal del infierno es la separación eterna de Dios, el único en quien el hombre puede encontrar la vida y la felicidad para las que fue creado (n. 1035).

Objeciones y respuestas

«Un Dios de amor no puede mandar a nadie al infierno»

Dios no quiere que nadie se condene:

¿Acaso quiero Yo la muerte del impío? dice Yahvé, el Señor. ¿No (quiero) más bien que vuelva de sus caminos y viva?

Ezequiel 18,23

No queriendo que algunos perezcan, sino que todos lleguen al arrepentimiento.

2 San Pedro 3,9

Pero Dios nos creó libres, y el amor verdadero no se impone. Quien rechaza a Dios hasta el final, después de todas sus llamadas, elige vivir sin Él, y Dios respeta esa elección. El infierno no es un capricho de Dios, sino la consecuencia de una libertad que dijo «no» definitivamente al Amor. Como escribió C. S. Lewis, las puertas del infierno están cerradas por dentro.

Además, un Dios que no hiciera justicia no sería bueno. Si al final daba lo mismo ser verdugo o víctima, santo o asesino, la vida moral no tendría ningún sentido.

«El infierno es un símbolo; no hay fuego de verdad»

Cristo habló del infierno con imágenes, como el fuego y el gusano que no muere, porque las realidades del más allá superan nuestra experiencia. La Iglesia no ha definido cómo es exactamente ese fuego. Pero las imágenes no son vacías: designan un sufrimiento real y terrible. Lo que nunca puede reducirse a símbolo es la realidad misma del infierno y su eternidad, que Cristo afirmó con toda claridad.

«El infierno existe, pero está vacío»

Algunos sostienen que, aunque el infierno exista, quizá nadie vaya a él. Pero esa idea choca con las palabras de Cristo, que no habló de una posibilidad teórica, sino de «muchos» que entran por el camino ancho (Mt 7,13), y con el juicio sobre Judas: «más le valdría a ese hombre no haber nacido» (Mt 26,24). La Iglesia nunca ha declarado que una persona concreta esté condenada, porque solo Dios conoce el corazón. Pero tampoco permite pensar que la condenación sea una amenaza vacía.

«El infierno es para asustar; la Iglesia usa el miedo»

El temor de Dios es el principio de la sabiduría (Prov 1,7), no una manipulación. Cristo mismo nos mandó temer a quien puede perder el alma en la gehenna (Mt 10,28). Pero la Iglesia no habla del infierno para atemorizar, sino como habla un padre que advierte a su hijo del abismo junto al camino. Y siempre lo anuncia junto con la buena noticia: hay perdón para todo pecado del que uno se arrepienta. El buen ladrón, en el último momento, oyó: «hoy estarás conmigo en el Paraíso» (Lc 23,43).

En resumen

  • Quien más habló del infierno en el Evangelio fue Jesucristo: «temed a aquel que puede perder alma y cuerpo en la gehenna» (Mt 10,28).
  • El infierno es eterno, como la vida eterna: «estos irán al suplicio eterno, mas los justos a la eterna vida» (Mt 25,46).
  • Es dogma de fe, enseñado por los credos, los concilios y el Catecismo.
  • Dios no quiere que nadie se condene, pero respeta la libertad de quien lo rechaza hasta el final.
  • Anunciar el infierno no es falta de misericordia: es advertir del peligro y señalar el camino del perdón.

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Las citas bíblicas siguen la traducción de Mons. Johannes Straubinger. DS = Denzinger-Schönmetzer, Enchiridion symbolorum.