¿Nos salvamos por la fe sola?

En el siglo XVI, Martín Lutero hizo de la sola fide, «la fe sola», el centro de su doctrina: el hombre sería justificado únicamente por la fe en Cristo, sin que sus obras tuvieran ningún papel, y Dios solo lo declararía justo, sin cambiarlo por dentro. La Iglesia católica enseña que nos salvamos por la gracia de Cristo, que es un don gratuito; que esa gracia nos transforma de verdad; y que con ella podemos y debemos cooperar por la fe que obra por la caridad.

Lo que enseña la Sagrada Escritura

La única vez que la Biblia dice «fe sola», es para negarlo

¿De qué sirve, hermanos míos, que uno diga que tiene fe, si no tiene obras? ¿Por ventura la fe de ese tal puede salvarle? […] Así también la fe, si no tiene obras, es muerta como tal. […] Tú crees que Dios es uno. Bien haces. También los demonios creen, y tiemblan. […] Veis pues que con las obras se justifica el hombre, y no con (aquella) fe sola. […] Porque así como el cuerpo aparte del espíritu es muerto, así también la fe sin obras es muerta.

Santiago 2,14.17.19.24.26

La fe que salva es la que obra por la caridad

Por cuanto en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe, que obra por amor.

Gálatas 5,6

Y aunque tenga (don de) profecía, y sepa todos los misterios, y toda la ciencia, y tenga toda la fe en forma que traslade montañas, si no tengo amor, nada soy.

1 Corintios 13,2

Dios juzgará a cada uno según sus obras

El cual dará a cada uno el pago según sus obras: a los que, perseverando en el bien obrar, buscan gloria y honra e incorruptibilidad, vida eterna.

Romanos 2,6-7

En la descripción del Juicio final, Cristo no pregunta a nadie si tuvo fe, sino qué hizo con sus hermanos:

Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; estaba enfermo, y me visitasteis; estaba preso, y vinisteis a verme. […] Y estos irán al suplicio eterno, mas los justos a la eterna vida.

San Mateo 25,35-36.46

Hay que guardar los mandamientos y perseverar

Mas, si quieres entrar en la vida, observa los mandamientos.

San Mateo 19,17

No todo el que me dice: «Señor, Señor», entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre celestial.

San Mateo 7,21

Obrad vuestra salud con temor y temblor.

Filipenses 2,12

Sino que castigo mi cuerpo y lo esclavizo; no sea que, habiendo predicado a los demás, yo mismo resulte descalificado.

1 Corintios 9,27

Si San Pablo, después de su conversión, temía poder quedar descalificado, nadie puede considerarse salvado de una vez para siempre por un acto de fe.

Lo que enseña la Iglesia

El Concilio de Trento dedicó a la justificación uno de sus decretos más cuidados (sesión VI, 1547). Sus enseñanzas principales son estas:

  • Todo empieza por la gracia. Nadie puede merecer la primera gracia ni convertirse por sus propias fuerzas. «Se dice que somos justificados gratuitamente porque nada de lo que precede a la justificación, ni la fe ni las obras, merece la gracia misma de la justificación» (DS 1532).
  • La fe es el comienzo. «La fe es el principio de la salvación humana, el fundamento y la raíz de toda justificación» (DS 1532). Pero no basta una fe muerta: hace falta la fe viva, unida a la esperanza y a la caridad (DS 1531).
  • La justificación cambia al hombre por dentro. No es solo que Dios deje de imputarnos los pecados: es «la santificación y renovación del hombre interior» (DS 1528). El justificado es verdaderamente justo, no solo declarado justo.
  • El justo crece en justicia. Con las buenas obras hechas en gracia, el justo se hace más justo (DS 1535, 1574).
  • Las buenas obras del justo merecen la vida eterna, pero porque son fruto de la gracia (DS 1545-1547, 1582).
  • Nadie tiene certeza absoluta de su salvación, salvo por revelación especial, y hay que perseverar hasta el fin (DS 1540, 1566).

Y condenó la doctrina contraria: «Si alguno dijere que el impío se justifica por la sola fe, de modo que entienda que no se requiere nada más que coopere a conseguir la gracia de la justificación […], sea anatema» (canon 9, DS 1559).

San Agustín expresó todo esto en una frase: «Cuando Dios corona nuestros méritos, no corona otra cosa que sus propios dones» (Carta 194, 5, 19).

Objeciones y respuestas

«San Pablo dice que el hombre es justificado por la fe, sin las obras (Romanos 3,28)»

En conclusión decimos, pues, que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la Ley.

Romanos 3,28

San Pablo habla aquí de las «obras de la Ley»: la circuncisión, los ritos y las prescripciones de la Ley de Moisés. Algunos cristianos venidos del judaísmo pensaban que los paganos convertidos debían circuncidarse y cumplir la Ley para salvarse. Pablo responde que no: lo que salva es la fe en Cristo, no la pertenencia al pueblo judío. Pero el mismo Pablo enseña que Dios dará «a cada uno según sus obras» (Rom 2,6), y que lo que vale es «la fe, que obra por amor» (Gál 5,6).

Lutero, en su traducción alemana de la Biblia (1522), añadió por su cuenta la palabra allein, «sola», a este versículo, que no está en el texto griego. Cuando se lo reprocharon, respondió que era necesaria para expresar el sentido, es decir, su propia doctrina.

«Somos salvados por gracia, no por obras (Efesios 2,8-9)»

Porque habéis sido salvados gratuitamente por medio de la fe; y esto no viene de vosotros: es el don de Dios; tampoco viene de las obras, para que ninguno pueda gloriarse. Pues de Él somos hechura, creados (de nuevo) en Cristo Jesús para obras buenas que Dios preparó de antemano para que las hagamos.

Efesios 2,8-10

La Iglesia está completamente de acuerdo: la salvación es un don gratuito, y nadie puede ganarla por sus propias fuerzas (DS 1532). Pero el versículo siguiente, que a menudo se omite, dice para qué nos salvó Dios: «para obras buenas». Las obras no son la causa de la primera gracia, sino su fruto, y Dios las quiere y las recompensa.

«Si hacen falta obras, Cristo no lo hizo todo»

Cristo lo hizo todo: nos mereció toda la gracia en la Cruz. Pero quiso que esa gracia nos transformara y diera fruto en nosotros. Un árbol bueno da buenos frutos (Mt 7,17). Las obras buenas del cristiano no se suman a las de Cristo como si a Él le faltara algo: son las obras de Cristo en nosotros. «Pues de Él somos hechura» (Ef 2,10).

«Abrahán fue justificado por la fe»

Es verdad: «Abrahán creyó a Dios, y le fue imputado a justicia» (Gn 15,6; Rom 4,3). Pero Santiago comenta el mismo ejemplo y concluye: «Ya ves que la fe cooperaba a sus obras y que por las obras se consumó la fe» (Sant 2,22). La fe de Abrahán no fue un sentimiento, sino una obediencia que lo llevó a dejar su tierra y a ofrecer a su hijo.

En resumen

  • Nos salvamos por la gracia de Cristo, don gratuito que nadie puede merecer por sí mismo.
  • La fe es el principio de la salvación, pero la fe que salva es la que «obra por amor» (Gál 5,6), no la fe muerta (Sant 2,17).
  • La gracia transforma realmente al hombre: el justificado es verdaderamente justo.
  • Con la gracia, el cristiano debe guardar los mandamientos y hacer buenas obras, y Dios las recompensa.
  • La única vez que la Escritura dice «fe sola» es para negarlo (Sant 2,24).

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Las citas bíblicas siguen la traducción de Mons. Johannes Straubinger. DS = Denzinger-Schönmetzer, Enchiridion symbolorum.