Los católicos llaman a la Virgen María «Reina del cielo», la coronan en sus imágenes y meditan su coronación en el Rosario. Muchos protestantes ven en esto una exageración sin base bíblica, o incluso una herencia pagana. Sin embargo, la realeza de María tiene una raíz profundamente bíblica, que se entiende al conocer una institución del reino de David: la Reina Madre, en hebreo Gebirah, «la Gran Señora».
La Reina Madre en el reino de David
En las cortes del antiguo Oriente, y especialmente en el reino de Judá, los reyes solían tener muchas esposas. Por eso la reina no era la esposa del rey, sino su madre. Ella ocupaba un lugar de honor en la corte, se sentaba a la derecha del rey e intercedía ante él por el pueblo.
El ejemplo más claro es el de Betsabé, madre del rey Salomón:
Presentose, pues, Betsabee ante el rey Salomón, para hablar con él en favor de Adonías. Y levantose el rey para salir a su encuentro, y se inclinó ante ella. Luego se sentó en su trono, e hizo poner un trono para la madre del rey, la cual se sentó a su diestra. Y le dijo: «Vengo a pedirte una pequeña cosa, no me la niegues». «Pide, madre mía, dijo el rey, que no te la negaré».
1 Reyes 2,19-20
Hay que fijarse en los detalles: el rey se levanta, sale a su encuentro y se inclina ante ella; le pone un trono a su derecha; y le asegura que no le negará lo que pida. Cuando Betsabé había sido solo la esposa del rey David, en cambio, era ella la que se postraba ante él (1 Re 1,16).
La Escritura menciona a la madre de casi todos los reyes de Judá al comienzo de su reinado (por ejemplo, 1 Re 14,21; 15,2; 22,42), porque formaba parte de la institución real. Era un verdadero cargo: el rey Asá «quitó también a su madre Maacá la dignidad de reina» porque había hecho un ídolo (1 Re 15,13). Y el profeta Jeremías se dirige al rey y a la reina madre juntos: «Di al rey y a la reina: Humillaos» (Jer 13,18; cf. 2 Re 24,12-15).
Jesús, Hijo de David, y su Madre
El Evangelio presenta a Jesús como el heredero del trono de David:
Él será grande y será llamado el Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre, y reinará sobre la casa de Jacob por los siglos, y su reinado no tendrá fin.
San Lucas 1,32-33
Por eso San Mateo abre su Evangelio con la genealogía de Jesús desde David, y San Pablo lo presenta como «nacido de la semilla de David según la carne» (Rom 1,3). Dios había prometido a David: «Tu casa y tu reino serán estables ante Mí eternamente, y tu trono será firme para siempre» (2 Sam 7,16).
Si Jesús es el Rey eterno de la casa de David, su Madre ocupa el lugar que en esa casa correspondía a la madre del rey. Los Magos, al llegar a Belén buscando al «Rey de los judíos», «vieron al niño con María su madre» y se postraron para adorarlo (Mt 2,11).
El Salmo 45: la Reina a la derecha del Rey
El Salmo 45 es un canto a las bodas del rey, que la Carta a los Hebreos aplica a Cristo: «Tu trono, oh Dios, es por los siglos y para siempre» (Sal 45,7; Heb 1,8). En él aparece la reina:
Hijas de reyes vienen a tu encuentro; a tu diestra está en pie la reina, vestida de oro de Ofir. Oye, hija, y considera; aplica tu oído; olvida a tu pueblo y la casa de tu padre. […] Toda hermosa entra la hija del rey, vestida de tela de oro. Envuelta en manto multicolor es llevada al rey.
Salmo 45,10-11.14-15
En el salmo hay dos figuras: la reina que ya está a la diestra del rey (v. 10) y la novia que es conducida hacia él (vv. 11-15). La tradición ha visto en ellas a María, la Reina Madre, y a la Iglesia, la Esposa de Cristo.
La Mujer coronada del Apocalipsis
Y una gran señal apareció en el cielo: una mujer revestida del sol y con la luna bajo sus pies y en su cabeza una corona de doce estrellas. […] Y ella dio a luz a un hijo varón, el que apacentará todas las naciones con cetro de hierro; y el hijo fue arrebatado para Dios y para el trono suyo. Y la mujer huyó al desierto.
Apocalipsis 12,1.5-6
La mujer da a luz al Mesías, el que reinará sobre las naciones (Sal 2,9). Y la única mujer que dio a luz al Mesías fue María. La huida al desierto recuerda la huida a Egipto, cuando Herodes, como el dragón, quiso matar al Niño (Mt 2,13-14). La imagen tiene varios sentidos a la vez: la Mujer es también Israel y la Iglesia, como explicaron los Padres. Pero no puede excluirse a la Madre del Mesías, a quien el texto describe coronada.
Lo que enseña la Iglesia
Pío XII, en la encíclica Ad caeli Reginam (1954), estableció la fiesta de Santa María Reina y explicó el fundamento de su realeza: es Reina porque es Madre del Rey, y porque se asoció de modo único a la obra de la redención. Su realeza es una participación en la de Cristo, no una competencia con ella: María no reina sobre su Hijo, sino junto a Él y por Él.
Objeciones y respuestas
«En la Biblia la reina es la esposa del rey, como Ester»
Ester era la esposa de Asuero, rey de Persia, y la corte persa tenía otras costumbres. El Mesías no es heredero del trono persa, sino del trono de David, y en la casa de David la reina era la madre del rey, como muestran los libros de los Reyes y Jeremías.
«Salomón le negó a Betsabé lo que pidió»
Es verdad: Adonías había pedido, a través de ella, casarse con Abisag, que había pertenecido al rey David. En aquella época, eso equivalía a reclamar el trono (cf. 2 Sam 16,22), y Salomón lo vio como una traición. El episodio muestra justamente cómo funcionaba el oficio: la reina madre intercede, pero el rey decide si la petición es justa. Betsabé, una mujer imperfecta, fue usada por un intrigante. María, en cambio, pide siempre según la voluntad de su Hijo. En Caná, Jesús hizo el milagro después de su petición (Jn 2,1-11).
«La monarquía de Israel fue un rechazo de Dios; no puede ser modelo del cielo»
Es verdad que el pueblo pidió un rey «como tienen todas las naciones», y Dios lo lamentó (1 Sam 8,5-7). Pero Dios ya lo había previsto en la Ley (Dt 17,14-15), y después tomó esa monarquía y la convirtió en figura del Mesías, con una alianza eterna con la casa de David (2 Sam 7). Si se rechaza la monarquía davídica como figura, habría que rechazar también el «trono de David» que el ángel promete a Jesús (Lc 1,32).
«Llamar Reina a María es quitarle gloria a Cristo»
Un rey no pierde nada honrando a su madre: cumple el cuarto mandamiento. Jesús, que como hombre «estaba sometido» a María y José (Lc 2,51), no la deshonra en el cielo. Además, la Escritura promete que todos los que perseveren reinarán con Cristo (2 Tim 2,12; Ap 3,21). Si todos los santos participan de su reinado, con más razón su Madre.
En resumen
- En el reino de David, la reina era la madre del rey, la Gebirah, que se sentaba a su derecha e intercedía ante él (1 Re 2,19-20).
- Jesús es el heredero eterno del trono de David (Lc 1,32-33); su Madre ocupa el lugar de la Reina Madre.
- El Salmo 45, aplicado a Cristo, presenta a la reina a la diestra del Rey; el Apocalipsis, a la Mujer coronada que da a luz al Mesías.
- La realeza de María es una participación en la de Cristo, como enseñó Pío XII en Ad caeli Reginam.
- María intercede como la Reina Madre, pero siempre según la voluntad de su Hijo: «Cualquier cosa que Él os diga, hacedla» (Jn 2,5).
Las citas bíblicas siguen la traducción de Mons. Johannes Straubinger. DS = Denzinger-Schönmetzer, Enchiridion symbolorum.
