¿Basta la Biblia sola?

El principio protestante de la sola Scriptura, «solo la Escritura», sostiene que la Biblia es la única regla de fe, y que cada cristiano puede entenderla por sí mismo sin necesidad de la Tradición ni de la autoridad de la Iglesia. La Iglesia católica venera la Sagrada Escritura como palabra de Dios. Pero enseña que Dios no nos dio solo un libro, sino también la Tradición de los Apóstoles y una Iglesia viva para custodiar ambas e interpretarlas con autoridad.

Lo que enseña la Sagrada Escritura

La Biblia no dice en ningún lugar que sea la única regla de fe

Es el primer problema de la sola Scriptura: no está en la Escritura. Ningún versículo dice que solo lo escrito obliga, ni que la enseñanza oral de los Apóstoles dejaría de valer una vez puesta por escrito una parte de ella. Un principio que dice «solo hay que creer lo que está en la Biblia» y que no está en la Biblia se refuta a sí mismo.

La Biblia manda guardar también la Tradición oral

Así pues, hermanos, estad firmes y guardad las enseñanzas que habéis recibido, ya de palabra, ya por carta nuestra.

2 Tesalonicenses 2,15

Os mandamos, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os retiréis de todo hermano que viva desordenadamente y no según las enseñanzas que recibió de nosotros.

2 Tesalonicenses 3,6

Os alabo de que en todas las cosas os acordéis de mí, y de que observéis las tradiciones conforme os las he transmitido.

1 Corintios 11,2

Y lo que me oíste en presencia de muchos testigos, eso mismo trasmítelo a hombres fieles, los cuales serán aptos para enseñarlo a otros.

2 Timoteo 2,2

No todo lo que Jesús hizo y enseñó está escrito

Jesús hizo también muchas otras cosas: si se quisiera ponerlas por escrito, una por una creo que el mundo no bastaría para contener los libros que se podrían escribir.

San Juan 21,25

Jesús no escribió nada ni mandó escribir. Mandó predicar: «Id por el mundo entero, predicad el Evangelio» (Mc 16,15). Durante años la Iglesia vivió de la predicación oral de los Apóstoles, antes de que existiera el Nuevo Testamento.

La Escritura necesita un intérprete con autoridad

Entendiendo esto ante todo: que ninguna profecía de la Escritura es obra de propia iniciativa.

2 San Pedro 1,20

En las cuales hay algunos pasajes difíciles de entender, que los ignorantes y superficiales deforman, como lo hacen, por lo demás, con las otras Escrituras, para su propia ruina.

2 San Pedro 3,16

Felipe […] le preguntó: «¿Entiendes lo que estás leyendo?» Respondió él: «¿Cómo podría si no hay quien me sirva de guía?»

Hechos 8,30-31

La Iglesia es «columna y cimiento de la verdad»

La Escritura no dice que la Biblia sea la columna de la verdad, sino la Iglesia:

La casa de Dios, que es la Iglesia del Dios vivo, columna y cimiento de la verdad.

1 Timoteo 3,15

El problema del canon: ¿quién dijo qué libros son la Biblia?

Hay una pregunta a la que la sola Scriptura no puede responder: ¿cómo sabemos qué libros forman parte de la Biblia? Ningún libro de la Escritura trae la lista de los libros inspirados. El Evangelio de San Marcos no dice que sea inspirado, ni nadie firmó la Carta a los Hebreos. Durante los primeros siglos circularon muchos escritos: algunos que hoy están en la Biblia fueron discutidos (como el Apocalipsis o la Segunda Carta de San Pedro), y otros que no están en ella, como el Pastor de Hermas o la Didaché, se leían en algunas iglesias.

Fue la Iglesia, guiada por el Espíritu Santo y apoyada en la Tradición, la que discernió qué libros eran inspirados. Lo hizo en los concilios de Roma (382), Hipona (393) y Cartago (397 y 419), con la misma lista de 73 libros que la Iglesia católica conserva hoy. Esa lista la definieron solemnemente los concilios de Florencia (1442) y Trento (1546, DS 1501-1504).

Quien acepta la Biblia acepta, lo sepa o no, el juicio de la Iglesia católica que la reconoció. San Agustín lo dijo así: «Yo no creería en el Evangelio si no me moviera a ello la autoridad de la Iglesia católica» (Contra la carta de Manes llamada «del fundamento», 5, 6).

Además, los reformadores protestantes eliminaron siete libros del Antiguo Testamento (Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc y los dos libros de los Macabeos) y partes de Ester y Daniel. Estos libros estaban en la traducción griega de los Setenta, la que usaban los Apóstoles, y la Iglesia los había leído como Escritura durante quince siglos. Lutero llegó a cuestionar también la Carta de Santiago, a la que llamó «epístola de paja», porque contradecía su doctrina de la fe sola.

Lo que enseñaron los Padres

San Ireneo de Lyon (hacia 180): «¿Y qué, si los Apóstoles no nos hubieran dejado escritos? ¿No sería necesario seguir el orden de la tradición que entregaron a aquellos a quienes confiaron las Iglesias?». Y recuerda que muchos pueblos bárbaros creían en Cristo «sin papel ni tinta», guardando fielmente la antigua tradición (Contra las herejías, III, 4, 1-2).

San Basilio Magno (siglo IV): «De las doctrinas y predicaciones conservadas en la Iglesia, unas las tenemos por la enseñanza escrita, y otras las hemos recibido de la tradición de los Apóstoles, transmitidas en el misterio; y ambas tienen la misma fuerza para la piedad» (Sobre el Espíritu Santo, 27, 66). Pone como ejemplo la señal de la cruz y la oración vueltos hacia el oriente.

San Vicente de Lerins (434) explica por qué no basta la Escritura sola: porque cada hereje la interpreta a su modo. «Novaciano la explica de una manera, Sabelio de otra, Donato de otra, Arrio de otra…». Por eso hace falta seguir la interpretación de la Iglesia: «lo que ha sido creído en todas partes, siempre y por todos» (Conmonitorio, 2).

Lo que enseña la Iglesia

El Concilio de Trento enseña que el Evangelio, fuente de toda verdad salvadora, «se contiene en los libros escritos y en las tradiciones no escritas que, recibidas por los Apóstoles de boca del mismo Cristo, o transmitidas como de mano en mano por los mismos Apóstoles bajo la inspiración del Espíritu Santo, han llegado hasta nosotros». Y por eso la Iglesia recibe y venera unos y otras «con igual afecto de piedad y reverencia» (DS 1501). Y prohíbe interpretar la Escritura «contra el sentido que ha sostenido y sostiene la santa madre Iglesia, a quien corresponde juzgar del verdadero sentido e interpretación de las Sagradas Escrituras, ni tampoco contra el unánime consentimiento de los Padres» (DS 1507).

Objeciones y respuestas

«Toda la Escritura es inspirada y basta para todo (2 Timoteo 3,16-17)»

Toda la Escritura es divinamente inspirada y eficaz para enseñar, para convencer (de culpa), para corregir y para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, bien provisto para toda obra buena.

2 Timoteo 3,16-17

El texto dice que la Escritura es útil, eficaz, no que sea suficiente ni que sea lo único. El agua es útil, incluso necesaria, para la vida, pero no basta sola. Además, cuando San Pablo escribió esto, «la Escritura» que Timoteo conocía «desde la niñez» (v. 15) era el Antiguo Testamento, porque gran parte del Nuevo aún no se había escrito o reunido. Si este versículo probara la sola Scriptura, probaría que basta el Antiguo Testamento, cosa que ningún cristiano acepta. Por último, en el mismo pasaje Pablo pide a Timoteo que persevere en lo que aprendió «sabiendo de quiénes aprendiste» (v. 14): remite a la enseñanza oral de quienes le transmitieron la fe.

«Jesús condenó las tradiciones de los hombres (Marcos 7,8)»

Vosotros quebrantáis los mandamientos de Dios, al paso que observáis la tradición de los hombres.

San Marcos 7,8

Jesús condena las tradiciones humanas que anulan el mandamiento de Dios, como la costumbre de los fariseos que permitía desatender a los padres ancianos con el pretexto de una ofrenda al Templo (Mc 7,10-13). No condena la Tradición apostólica, que viene de Él mismo y que San Pablo manda guardar (2 Tes 2,15). Precisamente la Tradición de la Iglesia es la que conserva fielmente los mandamientos de Dios.

«Con la Biblia y el Espíritu Santo cada uno puede entenderla»

Si fuera así, todos los que leen la Biblia con buena voluntad y piden la luz del Espíritu Santo llegarían a las mismas conclusiones. La experiencia muestra lo contrario: desde el siglo XVI, la sola Scriptura ha dado lugar a miles de denominaciones que se contradicen sobre el bautismo, la Eucaristía, la salvación o la moral, todas convencidas de seguir la Biblia. El Espíritu Santo no puede enseñar a la vez una cosa y su contraria. Cristo no dejó a sus fieles sin un juez de las controversias: «dilo a la Iglesia» (Mt 18,17).

En resumen

  • La Biblia no enseña en ninguna parte que ella sea la única regla de fe.
  • La Biblia manda guardar también la Tradición oral de los Apóstoles (2 Tes 2,15; 1 Cor 11,2; 2 Tim 2,2).
  • La Escritura necesita un intérprete con autoridad (2 Pe 1,20; 3,16; Hch 8,31): la Iglesia, «columna y cimiento de la verdad».
  • Fue la Iglesia la que reconoció qué libros son Escritura. Sin ella no hay canon.
  • Escritura, Tradición y Magisterio forman un todo: ninguno se sostiene sin los otros.

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Las citas bíblicas siguen la traducción de Mons. Johannes Straubinger. DS = Denzinger-Schönmetzer, Enchiridion symbolorum.