¿Por qué honramos a la Virgen María?

Para muchos protestantes, el amor de los católicos a la Virgen María es exagerado, cuando no una forma de idolatría. Sin embargo, todo lo que la Iglesia cree de María tiene su raíz en la Escritura, y todo conduce a Cristo. La Iglesia honra a María porque Dios la honró primero, eligiéndola para ser la Madre de su Hijo.

Lo que enseña la Sagrada Escritura

Llena de gracia

Y entrado donde ella estaba, le dijo: «Salve, llena de gracia; el Señor es contigo».

San Lucas 1,28

El ángel no la llama por su nombre, sino con un título: «llena de gracia» (en griego kecharitoméne, «la que ha sido y permanece colmada de gracia»). Es como si su nombre propio fuera la plenitud de la gracia de Dios.

Madre del Señor

Y exclamó en alta voz y dijo: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu seno! ¿Y de dónde me viene, que la madre de mi Señor venga a mí?»

San Lucas 1,42-43

Isabel, «llena del Espíritu Santo» (Lc 1,41), llama a María «madre de mi Señor». Para una judía, «el Señor» era el nombre de Dios.

Todas las generaciones la llamarán bienaventurada

Porque ha mirado la pequeñez de su esclava. Y he aquí que desde ahora me felicitarán todas las generaciones.

San Lucas 1,48

Los católicos cumplen esta profecía cada vez que rezan el Ave María.

La Mujer anunciada desde el principio

Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: este te aplastará la cabeza, y tú le aplastarás el calcañar.

Génesis 3,15

Y una gran señal apareció en el cielo: una mujer revestida del sol y con la luna bajo sus pies y en su cabeza una corona de doce estrellas.

Apocalipsis 12,1

Intercesora y Madre

En Caná, María advierte la necesidad antes que nadie, intercede ante su Hijo y dirige a los hombres hacia Él:

Y llegando a faltar vino, la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino». […] Su madre dijo a los sirvientes: «Cualquier cosa que Él os diga, hacedla».

San Juan 2,3.5

En la Cruz, Jesús entrega a su Madre al discípulo amado, y en él a todos sus discípulos:

Jesús, viendo a su madre y, junto a ella, al discípulo que amaba, dijo a su madre: «Mujer, he ahí a tu hijo». Después dijo al discípulo: «He ahí a tu madre». Y desde este momento el discípulo la recibió consigo.

San Juan 19,26-27

Los cuatro dogmas marianos

1. Madre de Dios

Si Jesús es una sola Persona, y esa Persona es Dios, entonces su Madre es Madre de Dios. No porque haya dado origen a la divinidad, sino porque dio a luz, según la carne, al Hijo eterno de Dios. Cuando Nestorio quiso llamarla solo «Madre de Cristo», el Concilio de Éfeso (431) definió que es verdaderamente Theotokos, Madre de Dios (DS 252). Negar este título es, en el fondo, negar que Jesús sea Dios.

2. Siempre Virgen

María concibió a Jesús sin intervención de varón, por obra del Espíritu Santo (Lc 1,34-35; Mt 1,18-25), y permaneció virgen durante toda su vida. Lo profesaba ya el título que le dan los Padres desde el siglo IV, Aeiparthenos, «siempre Virgen». Lo enseñó el Concilio de Constantinopla II (553, DS 422) y lo definió el Sínodo de Letrán (649, DS 503), presidido por el papa San Martín I.

3. Inmaculada Concepción

Dios preservó a María de toda mancha de pecado original desde el primer instante de su concepción, en previsión de los méritos de Cristo. Ella también fue redimida, y de modo más perfecto: no fue sacada del pecado, sino preservada de caer en él. El beato Pío IX lo definió en 1854 (bula Ineffabilis Deus, DS 2803). Cuatro años después, en Lourdes, la Virgen se presentó a Santa Bernardita con estas palabras: «Yo soy la Inmaculada Concepción».

4. Asunción

Terminado el curso de su vida terrena, María fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo. La Iglesia lo celebraba desde antiguo, en Oriente y en Occidente. Pío XII lo definió en 1950 (constitución Munificentissimus Deus, DS 3903). Ninguna ciudad cristiana ha pretendido jamás poseer el cuerpo de la Virgen, cuando las reliquias de los santos se veneraban con tanto fervor.

Lo que enseñaron los Padres

Desde el siglo II, los Padres presentan a María como la nueva Eva. San Justino (hacia 155) y San Ireneo (hacia 180) comparan a Eva, que creyó a la serpiente y trajo la muerte, con María, que creyó al ángel y trajo la vida. «El nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de María; lo que la virgen Eva ató por la incredulidad, la Virgen María lo desató por la fe» (San Ireneo, Contra las herejías, III, 22, 4).

La oración mariana más antigua que se conoce, el Sub tuum praesidium («Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios»), se encontró escrita en un papiro egipcio que suele fecharse en el siglo III.

Objeciones y respuestas

«Jesús tuvo hermanos (Marcos 6,3)»

¿No es Este el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no están aquí entre nosotros?

San Marcos 6,3

En hebreo y en arameo no existe una palabra para decir «primo», y «hermano» designa a cualquier pariente cercano. La Biblia llama «hermanos» a Abrahán y a su sobrino Lot (Gn 13,8; 14,14). Además, de los «hermanos» que se mencionan, al menos Santiago y José son hijos de otra María: «María la madre de Santiago y de José» (Mt 27,56), que estaba junto a la Cruz y a la que San Juan llama «la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás» (Jn 19,25). Por último, si María hubiera tenido otros hijos, Jesús no habría tenido por qué encomendarla al cuidado de San Juan al morir (Jn 19,27). San Jerónimo refutó esta objeción ya en el año 383 (Contra Helvidio).

Llama la atención que los propios fundadores del protestantismo, Lutero, Zuinglio y Calvino, siguieron creyendo en la virginidad perpetua de María.

«José no la conoció hasta que dio a luz (Mateo 1,25)»

Muchas traducciones dicen que José no conoció a María «hasta que» dio a luz a su hijo. Pero en la Biblia «hasta que» indica lo que ocurrió hasta un momento, sin afirmar nada de lo que vino después. Por ejemplo, «Micol, hija de Saúl, no tuvo hijo hasta el día de su muerte» (2 Sam 6,23) no significa que los tuviera después de muerta. Del mismo modo, San Pablo dice que Cristo debe reinar «hasta que ponga a todos los enemigos bajo sus pies» (1 Cor 15,25), y no por eso dejará de reinar después; y Jesús promete estar con nosotros «todos los días, hasta la consumación del siglo» (Mt 28,20), sin que eso signifique que luego nos abandone. San Mateo solo quiere dejar claro que Jesús no fue concebido por José. Por eso Mons. Straubinger traduce, con exactitud de sentido: «Y sin que la conociera, dio ella a luz un hijo».

«Si María no conoció varón, José fue engañado y Dios cometió adulterio»

Esta objeción, que algunos plantean con crudeza, nace de no conocer el matrimonio judío del siglo I, que tenía dos etapas. Primero venían los desposorios (kiddushín): desde ese momento, el hombre y la mujer eran legalmente marido y mujer, pero cada uno seguía viviendo en su casa. Meses después se celebraba la boda, cuando el esposo llevaba a la esposa a su casa y comenzaba la vida en común. Por eso San Mateo llama a José «esposo» de María y dice que «se proponía despedirla en secreto», y a la vez precisa que ella concibió «antes de vivir juntos ellos» (Mt 1,18-19). Dios no es un hombre que compite con José: es el Creador que obra un milagro en el seno de una virgen. Y José, avisado por el ángel, la recibió en su casa y asumió la paternidad legal de Jesús.

«La pregunta de María al ángel no prueba nada»

Entonces María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco varón?»

San Lucas 1,34

María estaba ya desposada con José. Si pensaba vivir con él un matrimonio como cualquier otro, su pregunta no tendría sentido: sabría perfectamente cómo iba a concebir un hijo. La pregunta solo se entiende si María se había propuesto permanecer virgen. Así lo leyeron San Agustín y la tradición. Los Padres vieron también una figura de su virginidad en la puerta del Templo que vio Ezequiel: «Esta puerta estará cerrada, no se abrirá, y no entrará nadie por ella, porque ha entrado por ella Yahvé, el Dios de Israel» (Ez 44,2).

«No hay base bíblica para la Asunción»

La Biblia no narra la Asunción, como no narra la muerte de la mayoría de los Apóstoles; la Iglesia la conoce por la Tradición. Pero la Escritura muestra que Dios puede llevar al cielo a sus siervos: «Por la fe, Enoc fue trasladado para que no viese la muerte» (Heb 11,5), y Elías «subió en un torbellino al cielo» (2 Re 2,11). Si lo hizo con ellos, ¿cómo no iba a hacerlo con la Madre de su Hijo?

A veces se objeta que «la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios» (1 Cor 15,50). Pero San Pablo habla ahí de la carne corruptible, como explica a continuación: «ni la corrupción puede poseer la incorruptibilidad». Cristo resucitado subió al cielo con su cuerpo: «un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que Yo tengo» (Lc 24,39). María fue llevada con un cuerpo glorificado, como lo serán los nuestros en la resurrección.

«La Mujer del Apocalipsis es solo la Iglesia, no María»

La Mujer de Apocalipsis 12 representa también al pueblo de Dios, como explicaron los Padres. Pero da a luz al Mesías, «el que apacentará todas las naciones con cetro de hierro» (Ap 12,5), y la única mujer que dio a luz al Mesías es María. Cuando el dragón quiere devorar al niño, «la mujer huyó al desierto» (Ap 12,6), como María huyó a Egipto cuando Herodes buscaba al niño para matarlo (Mt 2,13-14). Y el dragón hace guerra contra «el resto del linaje de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús» (Ap 12,17): los cristianos, hijos de esa Mujer.

Para más argumentos, ver Madre de Dios: ¿no es exagerado? y La Reina Madre.

«Hay un solo mediador entre Dios y los hombres (1 Timoteo 2,5)»

Pues hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres: el hombre Cristo Jesús.

1 Timoteo 2,5

Es verdad: solo Cristo es mediador por sí mismo, porque solo Él es Dios y hombre y solo Él nos redimió. Pero cuatro versículos antes, el mismo San Pablo pide que se hagan «súplicas, oraciones, rogativas y acciones de gracias por todos los hombres» (1 Tim 2,1). Cuando rezamos unos por otros, participamos de la única mediación de Cristo sin hacerle ninguna competencia. Si se puede pedir a un hermano que rece por nosotros, con más razón a la Madre de Jesús, que está en su presencia. Toda la mediación de María depende de la de su Hijo y conduce a Él.

«Los católicos adoran a María»

No. La Iglesia distingue con todo cuidado: a Dios se le debe la adoración (latría); a los santos, la veneración (dulía); a la Virgen, una veneración especial (hiperdulía), por ser la Madre de Dios. Pero sigue siendo una criatura, infinitamente inferior a Dios. Adorar a María sería un pecado gravísimo, y la Iglesia lo ha condenado siempre. El honor que se le da no quita nada a Cristo: es Él quien la hizo grande, y lo que ella dice siempre es «Cualquier cosa que Él os diga, hacedla».

En resumen

  • María es «llena de gracia» (Lc 1,28), la «madre de mi Señor» (Lc 1,43), y todas las generaciones la llamarán bienaventurada (Lc 1,48).
  • La Iglesia ha definido cuatro dogmas marianos: Madre de Dios, siempre Virgen, Inmaculada y Asunta al cielo.
  • Los «hermanos» de Jesús son parientes: en hebreo y arameo la palabra se usa así.
  • María no compite con Cristo: participa de su mediación y siempre conduce a Él.
  • La Iglesia la venera (hiperdulía) pero no la adora: la adoración se debe solo a Dios.

← Volver a Apologética

Las citas bíblicas siguen la traducción de Mons. Johannes Straubinger. DS = Denzinger-Schönmetzer, Enchiridion symbolorum.