Cada 16 de septiembre la Iglesia celebra a San Cornelio, Papa, y San Cipriano, Obispo de Cartago, dos amigos…

Cada 16 de septiembre la Iglesia celebra a San Cornelio, Papa, y San Cipriano, Obispo de Cartago, dos amigos en Cristo que defendieron la verdad de la fe frente a los errores y herejías de los primeros siglos de la Iglesia. Cornelio se opuso al novacianismo, que sostenía que ciertos pecados graves, como la apostasía, no podían ser perdonados. El Papa defendió que Dios no niega su misericordia y que la Iglesia tiene autoridad para acoger nuevamente a quienes se arrepienten.
San Cipriano, estrecho colaborador y amigo de Cornelio, respaldó su postura frente a Novaciano. Ambos vivieron además en tiempos de persecución contra los cristianos. Cornelio fue desterrado y posteriormente condenado a muerte por decapitación en el año 253. Cipriano también sufrió persecución y fue condenado por negarse a ofrecer sacrificios a los dioses y por continuar celebrando la Eucaristía y administrando los sacramentos.
Unidos por Cristo y por su misión pastoral, ambos santos sellaron con su sangre su fidelidad a la fe. Antes de morir, Cipriano recibió su sentencia con estas palabras: “¡Gracias sean dadas a Dios!”. Su testimonio permanece hasta hoy en la liturgia de la Iglesia: los nombres de Cornelio y Cipriano son mencionados en la Plegaria Eucarística I del Canon Romano, junto a otros santos y mártires de los primeros siglos del cristianismo.
