Recientemente, unas declaraciones de Mons. Johan Bonny, obispo de Amberes, han abierto un gran debate entre…

Recientemente, unas declaraciones de Mons. Johan Bonny, obispo de Amberes, han abierto un gran debate entre…

Recientemente, unas declaraciones de Mons. Johan Bonny, obispo de Amberes, han abierto un gran debate entre los católicos. El prelado sugirió que si en el actual proceso sinodal no se aprueba la ordenación de hombres casados (viri probati), esto podría ser un "golpe fatal" para la credibilidad de la Iglesia en Europa.

Esta afirmación nos invita a reflexionar profundamente sobre cómo solucionar la escasez de vocaciones.

A menudo se piensa que flexibilizar las disciplinas históricas de la Iglesia hará que más jóvenes se acerquen a ella. Sin embargo, los datos actuales nos muestran una realidad fascinante: aquellas diócesis que han intentado adaptar su mensaje y sus exigencias a las comodidades modernas, lamentablemente, son las que sufren la mayor crisis de sacerdotes.

En contraste, cuando miramos a las comunidades, institutos y seminarios que mantienen la fidelidad a la Tradición, el amor reverente por la sagrada liturgia y presentan el sacerdocio como un sacrificio heroico total, ¡vemos que están floreciendo llenos de jóvenes!

El celibato sacerdotal no es la causa de las iglesias vacías. Es, de hecho, un inmenso tesoro espiritual de la Iglesia Latina. Es un hermoso llamado a imitar la vida de Cristo y un recordatorio visible para el mundo de que el Reino de los Cielos es nuestra verdadera meta.

La vitalidad de nuestra fe no depende de cambiar nuestras disciplinas para encajar en el mundo actual, sino de nuestra fidelidad a la Cruz.

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