En su nueva Nota «Un camino de esperanza» publicada este 16 de septiembre, el Vaticano, a 60 años de Nostra…

En su nueva Nota "Un camino de esperanza" publicada este 16 de septiembre, el Vaticano, a 60 años de Nostra Aetate, reafirma con claridad que la alianza de Dios con el pueblo judío es irrevocable.
El texto recuerda que esta verdad no implica dos caminos de salvación (Cristo sigue siendo el único Redentor) pero sí tiene un profundo significado teológico y nos llama a conocer y amar más nuestras raíces judías. Sin embargo, esta loable invitación pastoral plantea un delicado interrogante: ¿cómo armonizar este aprecio histórico sin que la urgencia de anunciar a ese único Redentor quede eclipsada o reducida a un mero intercambio cultural?
Al profundizar en esta irrevocabilidad, fundamentada en Romanos 11, 29, resulta teológicamente asimétrico aislar un versículo omitiendo la perspectiva integral del magisterio apostólico. En su reflexión sobre la historia de la salvación (como se evidencia en 2 Corintios 3 y en la Epístola a los Hebreos 8, 13), la tradición apostólica enseña con contundencia que la antigua economía legal ha sido abrogada y superada por la Nueva y Eterna Alianza. La fidelidad inquebrantable de Dios no se expone para sostener el antiguo pacto como una vía de salvación paralela y vigente, sino para iluminar su consumación definitiva en el sacrificio de la Cruz y la esperanza escatológica de la conversión al Mesías. Separar la alianza de este cumplimiento corre el riesgo de vaciar el misterio de su propósito final.
La Nota también renueva con fuerza el rechazo total al antisemitismo, deplorando todo odio y persecución contra los judíos en cualquier tiempo y por cualquier persona. Un imperativo innegociable de la caridad cristiana que, al mismo tiempo, nos desafía a no confundir el genuino respeto fraterno con el silencio sistemático ante nuestro deber evangelizador.
Como signo de continuidad, el Papa León XIV acaba de reiterar su compromiso de seguir afianzando el diálogo fraterno.
Que la conmemoración de este aniversario represente un impulso para construir puentes y no muros, recordando siempre que, en la plenitud de la fe, todo puente verdadero tiene como único destino final conducir hacia Aquel que es el Camino, la Verdad y la Vida.
