La debilidad analítica de la respuesta protestante desde la epistemología histórica la postura de Sola…

La debilidad analítica de la respuesta protestante desde la epistemología histórica la postura de Sola…

La debilidad analítica de la respuesta protestante

desde la epistemología histórica la postura de Sola Scriptura:

La "tabla de contenidos" de la Biblia es, en sí misma, una tradición externa a la Escritura. No hay un solo versículo que diga: "Estos 27 libros componen el Nuevo Testamento". Por ende, el fundamento mismo sobre el que se apoya Sola Scriptura es un producto de la Tradición y del juicio eclesial.

El consenso no fue automático ni inmediato. Libros como Hebreos, Santiago, 2 Pedro, Judas y Apocalipsis fueron objeto de intensos debates durante siglos (los llamados antilegomena). Si la autoridad intrínseca fuera autoevidente mediante el discernimiento individual de cada creyente, no se explicaría por qué líderes devotos y teólogos de los tres primeros siglos diferían abiertamente sobre su autenticidad.

La teoría protestante enfrenta la paradoja d ela infalibilidad:

Si la Iglesia no es infalible al definir dogmas, teóricamente el canon de 66 o 73 libros podría ser falible (es decir, una lista falible de libros infalibles), lo que debilita la certeza absoluta que el propio principio de Sola Scriptura busca asegurar.

Para sostener la suficiencia formal exclusiva de la Biblia (Sola Scriptura), se necesita un canon cerrado y seguro; pero para tener ese canon cerrado y seguro, históricamente se tuvo que depender de la autoridad deliberativa y del discernimiento de la Iglesia histórica que la Reforma posteriormente cuestionó. Si la Biblia no se autoautentica (porque no contiene un índice divinamente inspirado) y requiere a la Iglesia para fijar sus límites, entonces la premisa de Sola Scriptura queda desarticulada en su base.

Si aceptas que la Iglesia del siglo IV tenía la autoridad y la guía del Espíritu Santo para discernir de forma vinculante el canon bíblico (cerrando debates sobre libros disputados como Apocalipsis o Santiago), se vuelve lógicamente forzado sostener que esa misma Iglesia se equivocó por completo al discernir dogmas teológicos y prácticas litúrgicas en la misma época.

Muchos de los mismos obispos y teólogos que ratificaron el canon del Nuevo Testamento (como San Agustín, San Jerónimo o San Atanasio) eran defensores activos de la intercesión de los santos, de la veneración a los mártires y de títulos marianos de honor como Theotokos (Madre de Dios, proclamado en el Concilio de Éfeso en 431).

No puedes usar la Escritura como única norma formal de fe si el límite de esa misma norma fue establecido por una autoridad externa: la Tradición y el Magisterio de los concilios.

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